Apenas pude conciliar el sueño esa noche, muy al contrario que mi maestro que durmió a pierna suelta. La reunión con el viejo comerciante me había puesto muy nervioso y, en consecuencia, las pesadillas se abalanzaron sobre mí en cuanto cerré los ojos. Oscuras criaturas me acecharon entre las sombras, observándome con sus ojos brillantes y repletos de maldad.
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