Diablo I,
Diablo II y
Lord of Destruction, pero también contiene imágenes que pueden ser spoilers.Para ver el resumen y la historia que se nos cuenta durante la instalación de Diablo III, clic la pestaña spoiler:

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Quédate un rato y escucha... Me llamo Deckard Caín. Soy el último miembro de los Horadrim, una orden secreta cuyo propósito es proteger a la humanidad de las fuerzas diabólicas de los Infiernos Abrasadores.

Pero los años no pasan en vano y debo transmitir mi conocimiento. La humanidad no debe olvidar nuestra lucha contra los Señores del Infierno, pues no descansarán hasta que nos esclavicen a todos.

En otro tiempo, los demonios mayores, Diablo, Baal y Mephisto asolaron nuestro mundo, antes de que la orden horádrica se fundara con el fin de darles caza y confinar sus esencias en las piedras de alma encantadas.

Sepultada bajo la ciudad de Tristán, la piedra de alma de Diablo permaneció intacta durante generaciones... hasta el fatídico día en que fue liberado y nuestra sagrada catedral se transformó en un portal a los infiernos.

El Señor del Terror condujo a nuestro piadoso rey Leoric a la locura y poseyó a su vástago más joven, Albrecht. La mente envenenada de Leoric y el acoso nocturno de los esbirros de Diablo propiciaron que Tristán cayera presa del caos y el miedo.

Justo cuando lo dábamos todo por perdido… resurgió la esperanza. El primogénito de Leoric, Aidan, regresó de tierras lejanas y juró vencer al mal demoníaco que había tornado nuestras vidas en una pesadilla sin fin.

Irrumpió en el laberinto que se halla bajo la Catedral de Tristán y abatió al mismísimo Señor del Terror. Todos escuchamos el eco de los alaridos agónicos del demonio procedente de las profundidades malditas.

Tristán estaba a salvo y al fin hallábamos la paz. Pero al mismo tiempo que nuestro tormento tocaba a su fin, el de Aidan comenzaba. Parecía distante... afligido por una carga invisible. Un día, desapareció sin más.

Tras su desaparición, una nueva horda de demonios azotó Tristán. Sin nadie que nos defendiera, la ciudad fue reducida a escombros. Mis amigos... fueron masacrados y alzados de entre los muertos.

Solo quedé yo. Me enjaularon y me forzaron a presenciar la corrupción de Tristán. Pensé que vería el fin de mis días allí, en las ruinas de mi propio hogar, pero un grupo de audaces héroes me rescató.

Hablaban de una gran oscuridad que se extendía hacia el Este; algo en mi interior me decía que se trataba de Aidan. Este hombre, otrora valiente y ahora conocido como el vagabundo oscuro, había sucumbido al mal...

Tras derrocar a Diablo, Aidan pensó que podría contener la esencia del señor demoníaco en su interior. Pese a que sus intenciones eran nobles, la voluntad opresora del Señor del Terror acabó por doblegarlo.

Mis nuevos camaradas se apresuraron hasta Lut Gholein, donde descubrieron que el vagabundo planeaba liberar a Baal, Señor de la Destrucción, de su prisión bajo los desiertos cercanos. Mas llegaron demasiado tarde...

En la tumba de Baal solo quedaba Tyrael, Arcángel de la Justicia y miembro del Consejo de Angiris, que gobernaba los Altos Cielos. Él también estaba al tanto del viaje de Diablo hacia el Este.

Tyrael imploró a los héroes que buscaran a los dos demonios mayores en la ciudad templo de Travincal y que impidieran la liberación de su infernal hermano Mephisto, Señor del Odio.

A pesar de que los mortales siguieron las indicaciones de Tyrael, los señores demoníacos lograron llevar a cabo su reencuentro. Fue entonces cuando Diablo adoptó su verdadera forma demoníaca y se libró de los últimos vestigios de humanidad de Aidan.

Imperturbables, mis compañeros siguieron adelante, asesinaron a Mephisto y recuperaron su piedra de alma. Persiguieron a Diablo hasta los Infiernos Abrasadores, donde había comenzado a congregar a sus leales seguidores demoníacos.

Allí, en aquellos reinos inexplorados por pie mortal, los osados campeones derrotaron al Señor del Terror. Sellaron su victoria en la Fragua del Infierno, donde destruyeron las piedras de alma de Diablo y Mephisto.

Al tiempo que los héroes se ocupaban de sus hermanos, Baal marchó con un ejército impío hasta el Monte Arreat, cuna de la inmensa Piedra del Mundo. Pretendía corromper este sagrado artefacto con la intención de que la humanidad entera abrazara el mal.

En la cima del monte, mis compañeros se alzaron con una ardua victoria frente al Señor de la Destrucción. Sin embargo, Baal ya había corrompido la Piedra del Mundo. La humanidad parecía estar condenada...

Tyrael creía que solo un acto drástico redimiría a la humanidad de la condena eterna. Y así, lanzó su espada, El'druin, contra la Piedra del Mundo, lo que hizo añicos el cristal y provocó una catastrófica explosión.

No puedo evitar preguntarme cuáles serán las consecuencias del acto de Tyrael. ¿Salvó nuestro mundo o lo ha entregado a un desolador y desconocido sino?

A pesar de haber salido victoriosos frente a los demonios mayores, siento que la oscuridad se aproxima. Quedan dos Señores del Infierno, Azmodan y Belial, y me temo que son ellos los heraldos del Final de los Tiempos.





siento que nos daremos muchos palos con azmodan y belial, 53 dias quedan para enfrentarnos a las hordas de los infiernos abrasadores...







