El comienzo de la triología. The Sin War, Birthright. Cap 1

¿Cómo crees que se debería desarrollar la trama de Diablo 3?

El comienzo de la triología. The Sin War, Birthright. Cap 1

Notapor arkan el 28 Nov 2010, 08:52

El siguiente fragmento pertenece al primer capítulo del libro The Sin War Birthright.
PD: No es una traducción completa ni literal, por si algún día este libro se tradujera a nuestro idioma. Los laísmos son de mi tierra natal y estoy orgulloso de ello.

UNO

La sombra cayó sobre la mesa de Uldyssian ul-Diomed, envolviéndole parcialmente al igual que su mano que sostenía una jarra de cerveza todavía sin beber. El granjero de pelo rubio rojizo no tenía que mirar hacia arriba para saber quién había interrumpido su pequeño descanso de sus labores diarias. Había oído hablar del recién llegado a los demás en la Cabeza del Jabalí, la única taberna de la remota villa de Seram, le oía hablar por lo que rezó en silencio pero con vehemencia de que no iba a pararse en su mesa.

Era irónico que el hijo de Diomedes rezase para que el extranjero se alejara de él, sin embargo este permanecía de píe esperando a que Uldyssian alzase la cabeza pero quien le buscaba no era más que otro misionero de la Catedral de la Luz. Llevaba una túnica blanca y plateada resplandeciente, resplandeciente salvo por el anillo seraminano de la parte inferior, no había duda de que a muchos aldeanos habían quedado impresionados.
Sin embargo, su presencia no hacía más que sacar a relucir terribles recuerdos para el granjero, que ahora luchaba por mantener su mirada fija en la jarra...

"¿Has visto la luz, hermano?" preguntó la figura finalmente cuando estaba claro que a quien pretendía convertir seguía ignorándolo. "¿La Palabra del gran Profeta ha tocado tu alma?"

"Búscate a otro", murmuró Uldyssian, mientras de manera involuntaria cerraba la otra mano formando un puño, finalmente tomó un sorbo de cerveza esperando que el misionero le dejara en paz, pero estaba claro que no iba a darse por vencido tan fácilmente.

El misionero le cogió del antebrazo impidiéndole beber más diciendo "¡No estás solo, piensa en tus seres queridos! ¿Quieres abandonar sus almas…? "

El granjero rugió, con la cara roja de una rabia que le costaba controlar. En un solo movimiento, Uldyssian saltó cogiendo al misionero por el cuello. Haciendo volcar la mesa, la cerveza se desparramó por el suelo, sin que su antiguo bebedor se diera cuenta.
Alrededor de la sala, otros clientes, incluyendo unos pocos extraños viajeros de paso, miraban la confrontación con preocupación e interés... y de la experiencia de mantenerse alejado de estos alborotos. Algunos lugareños que conocían al hijo de Diomedes bien, movían la cabeza murmurando unos a otros la mala elección del recién llegado.

El misionero era medio palmo más alto que Uldyssian, no era un hombre pequeño, medía algo más de seis pies (182 cm), pero el granjero tenía la espalda casi el doble de ancha y una gran musculatura gracias al trabajo diario en la granja labrando la tierra y cuidando de los animales. Uldyssian era un hombre de mandíbula angular con barba, una característica típica de los hombres de regiones situadas al oeste de la gran ciudad-estado de Kehjan, la "joya" de la mitad oriental del mundo. Los ojos de color marrón oscuro atravesaban con la mirada a un sorprendido misionero de la Catedral.

"¡Las almas de la mayoría de mis familiares están más allá del alcance del Profeta, hermano! ¡Murieron hace casi diez años, todos por la peste! "

"Me gustaría decir una oración por... por ellos"

Sus palabras sólo sirvieron para enfurecer más a Uldyssian, que había orado por sus padres, su hermano mayor, y sus dos hermanas constantemente durante los meses de la enfermedad. Día y noche, a menudo sin dormir, rezaba a lo que fuera aquello que velaba por ellos para que se recuperaran, entonces, cuando parecía no haber esperanza, esperaba que sus muertes fueran rápidas e indoloras.

Aquellas oraciones se habían quedado sin respuesta. Uldyssian, angustiado e impotente, vio como uno a uno morían llenos de angustia. Sólo él y su hermano menor, Mendeln, habían sobrevivido para enterrar al resto.

Incluso entonces había misioneros y hablaban del alma de sus familiares y como sus particulares sectas tenían respuesta para todo. Todas, sin excepción habían prometido a Uldyssian que, si seguía su camino encontraría la paz por la pérdida de sus seres queridos.

Pero Uldyssian, que una vez fue un creyente devoto, denunciaba a cada una de ellas. Sus palabras sonaron huecas y sus negativas parecían justificada después, cuando estas sectas de los misioneros se desvanecieron como cada estación en la granja.

Pero no todas. La Catedral de la Luz, era el único pensamiento de origen reciente que parecía mucho más fuerte que sus predecesores. De hecho, esta y el más establecido Templo de la Trinidad parecían estar convirtiéndose rápidamente en las dos fuerzas dominantes en la búsqueda de las almas de la gente de Kehjan. Para Uldyssian, el ferviente entusiasmo con el que buscaban nuevos creyentes parecía una competición mucho más intensa que el conflicto de sus mensajes espirituales.

Y eso era una razón más que suficiente para que Uldyssian no formara parte de ninguna de ellas.

"Reza por ti, no para mí y los míos", gruñó.

Una figura entrada en carnes y con poco pelo salió detrás del mostrador para intervenir. Tibion era varios años mayor y no era rival para Uldyssian, pero había sido buen amigo de Diomedes (el padre de Uldyssian) por lo que sus palabras tuvieron efecto sobre el enfurecido granjero. "¡Uldyssian! ¿Cómo vas a cuidar mi establecimiento si no eres capaz de cuidar el tuyo? ¿eh? "

Uldyssian vaciló, las palabras del propietario surtieron efecto soltando al misionero dejándolo caer al suelo.

"Uldyssian" comenzó a decir Tibion

Pero el hijo de Diomedes no esperó a oír el resto, sacudiéndose las manos salió de la taberna.
Uldyssian ahora era un hombre que solo creía en lo que sus ojos le mostraban o lo que sus manos pudieran tocar. Había cosas en las que podía creer pero no en clérigos y misioneros que no habían hecho nada por su familia salvo darle falsas esperanzas.

Seram era un villa de poco más de 200 habitantes, pequeña para algunos y considerable para otros. Su finca estaba a casi 4 kilómetros al norte de Seram. Una vez a la semana, Uldyssian iba al pueblo a comprar provisiones que necesitaba, permitiéndose un pequeño descanso para comer y beber en la taberna. Había comido pero perdió su cerveza, por tanto le quedaban unas tareas antes de regresar.

Aparte de la taberna, que también servía como posada, había otros cuatro edificios de importancia en Seram, la casa de reuniones, la estación de comercio, el cuartel de la guardia del pueblo, y la herrería. Todos compartían el mismo diseño general como el resto de las estructuras de Seram, con los tejados puntiagudos y con techo de paja, con planchas de madera de estructura asentada sobre un suelo de piedra y arcilla. Como era típico en la mayoría de las áreas bajo la influencia de Kehjan, las ventanas eran arqueadas de forma pronunciada en la parte superior y siempre eran tres en cada lado. En verdad, era imposible decir qué distancia había entre estos edificios. Sus calles eran de tierra, no había pavimento ni piedra alguna.

En el borde oriental de Seram, y por lo tanto más cercano a Kehjan, estaba la estación de comercio. La estación era, aparte de la taberna, el lugar más concurrido de Seram.
Este era el lugar donde los lugareños traían sus productos para comerciar por otros productos de necesidad e incluso para vendérselos a mercaderes.
Cuando había nuevos productos para vender una bandera azul ondeaba en la puerta principal. Mientras se aproximaba Uldyssian vio a la hija de cabello nocturno de Cyrus, Serenthia que estaba haciendo precisamente eso, alzar la bandera.
Cyrus y su familia llevaban dirigiendo la estación comercial desde hace 4 generaciones y era una de las familias más destacadas del pueblo aunque no se vestían de una manera más elegante del resto. El comerciante no daba importancia a la vestimenta, quienes hacían eso eran sus hijas. Serenthia, por ejemplo, llevaba un vestido sencillo de color marrón y como la mayoría de los aldeanos, llevaba unas botas diseñadas tanto para montar a caballo como para andar por los caminos.

"¿Algo de interés?" Llamó a Serenthia, tratando de concentrarse en otros asuntos para olvidar tanto el incidente como los recuerdos del pasado

La hija de Cyrus se volvió al oírlo con su larga melena ondulando. Con sus brillantes ojos azules, piel de color marfil, y, naturalmente, los labios rojos, Uldyssian estaba seguro de que todo lo que necesitaba era un vestido adecuado que le permita competir con las mejores mujeres de sangre azul de la propia Kehjan. Aun llevando un vestido sin adornos, este no ocultaba sus curvas, ni mermaba en modo alguno la elegante manera de moverse independientemente del terreno.

"¡Uldyssian! ¿Has estado aquí todo el día? "

Había algo en su tono de voz que casi le hace hacer una mueca. Serenthia era más de una década más joven que él, y la había visto crecer desde niña a mujer. Para él, ella era casi como una de las hermanas que había perdido. Sin embargo, para ella, Uldyssian evidentemente, era mucho más. Ella había rechazado a granjeros más jóvenes y ricos que él, por no hablar de los mercaderes que visitaban la aldea. Otro hombre había mostrado interés fue Achilios, buen amigo Uldyssian y el mejor cazador de Seram.

"Llegué justo después de la primera hora del día", respondió. Al acercarse, vio tres carros detrás del establecimiento de Cyrus. "Una caravana demasiado grande para Seram. ¿Qué ocurre? "

Tras izar la bandera, estaba atando la cuerda y mirando por encima su hombro hacia a los vagones, Serenthia dijo, "se han perdió, en realidad. Ellos se dirigían Tulisam”.

Tulisam era la población más próxima, un pueblo al menos cinco veces mayor que Seram y estaba en la ruta que iba de Kehjan hacia los puertos marítimos.

Uldyssian gruñó. "El guía debe ser un principiante."

"Bueno, cualquiera que fuera la causa, han decidido intercambiar algo. Padre está tratando de ocultar su emoción. ¡Tienen algunas cosas hermosas, Uldyssian! "

Para el hijo de Diomedes, las cosas bellas en general, consistían en herramientas fuertes y resistentes o un saludable ternero recién nacido. Él empezó a hablar, entonces se dio cuenta de que alguien caminaba entre los vagones.

Estaba vestida como una noble de una de las casas que pretendía llenar el vacío de poder provocado por las luchas internas entre los clanes de magos. Tenía un exuberante cabello dorado que estaba recogido por detrás con una cinta plateada, permitiendo ver su majestuoso y blanco rostro. En sus brillantes ojos verdes se podía ver reflejado los alrededores, tenia los labios delgados y perfectamente entreabiertos, las hombreras de su largo vestido esmeralda cubiertas por unas pieles, contemplando el paisaje al este de Seram. El cuerpo del vestido era ceñido y ajustado, aunque su ropa era propia de castas dominantes, no dejaba ninguna duda de que ella era muy femenina.

Justamente cuando esa fascinante figura empezaba a mirar en la dirección en la que se encontraba Uldyssian, Serenthia le cogió bruscamente por el brazo. "Tienes que entrar a verlo tú mismo, Uldyssian".

Ella le dirigió hacia la doble puerta de la entrada, el granjero volvió a mirar hacia atrás pero no vio rastro de esa mujer. Sabía que no era capaz de elaborar tales fantasías, de no ser así, habría pensado que ella era producto de su imaginación.

Serenthia casi lo arrastra hacia dentro y dando un portazo, dentro del recinto estaba su padre con un hombre vestido con un elegante traje púrpura.

"¡Ah! ¡El bueno de Uldyssian!" El comerciante siempre utilizaba esta expresión que precedida al nombre, salvo para sus familiares, algo que siempre hacia sonreír a Uldyssian. Cyrus no parecía darse cuenta de lo que le había pasado antes. "¿Cómo te va a ti y a tu hermano?"

"Estamos...estamos bien, señor Cyrus."

"Bien, bien." Y con esto, el comerciante volvió a negociar con el hombre que le acompañaba. Pero con ese anillo de pelo plateado alrededor de la calva y sus ojos académicos, Cyrus se parecía más a un clérigo que a un granjero llevando tales túnicas. De hecho, Uldyssian le respetaba enormemente por su educación y forma de comerciar, pero sobre todo porque había tomado Mendeln bajo su tutela.

Al igual que su hermano, Uldyssian sabía leer y escribir, estaba orgulloso de ese logro, pero sólo vio los aspectos prácticos de estas habilidades.

Vio aparecer a otra mujer que caminaba a hacia él pero esta llevaba una vestimenta completamente diferente, un vestido azul celeste con un gran carnero dorado en el centro y debajo de él un triángulo iridiscente, su pelo llegaba hasta los hombros, era joven y muy atractiva con la diferencia que esta tenía los ojos azules. Sin embargo, algo había en la mente Uldyssian, algo le faltaba que le impedía tener cualquier deseo sobre ella, era como ver una cáscara vacía, al estar sola, parecía como si mirara la habitación con miedo ya que los cultores del Templo de la Trinidad nunca viajan solos, siempre de tres en tres cada uno con su orden…

Serenthia estaba tratando de enseñarle algunos adornos femeninos, pero Uldyssian sólo oía su voz no sus palabras.

Entonces un hombre de mediana edad entró en el recinto, llevaba una gran barba y tenia aires de patriarca llevaba una túnica dorada con el mismo triangulo que la anterior pero este tenía una hoja verde en vez de un carnero.

No había visto al tercero de la banda pero sabía que no podía estar muy lejos. Los sirvientes del Templo de la Trinidad no suelen separarse. Mientras que un misionero de la Catedral trabaja solo a menudo, los acólitos de la Trinidad actúan en grupo.
Ellos predican el camino de los Tres espíritus guía, Bala, Dialon y Mefis, que supuestamente velan por los mortales como unos queridos padres o amables profesores.
Dialon es el espíritu de determinación, de ahí el testarudo carnero.
Bala es el espíritu de la creación, representado por una hoja.
Mefis, cuyo sirviente había desaparecido, era el espíritu del amor. Los acólitos de esa orden llevaban sobre su pecho un círculo rojo, el emblema común de Kehjan para el corazón.

Recordando lo que había pasado antes en la taberna, Uldyssian trato de pasar desapercibido.
Serenthia por fin se dio cuenta de que Uldyssian no la estaba prestando atención, por lo que se quedó mirándole con las manos en la boca, cuando era una niña este gesto significaba que se daba por vencida.

"¡Uldyssian! Pensé que querías ver… "

Él la cortó. "Serry, tengo que irme. ¿Tus hermanos tienen lo que les pedí antes? "

Ella frunció los labios mientras pensaba. Uldyssian miró a los dos misioneros, que parecían estar discutiendo. Ambos parecían extrañamente desorientados, como si algo no hubiera salido como ellos lo habían planeado.

"Thiel no me dijo nada, de haber sabido que estabas en Seram… déjame ir a buscarlo y le pregunto. "

"Iré contigo." Cualquier cosa para evitar a los perros de la Trinidad. El templo se había establecido unos años antes que la Catedral, pero ahora la influencia de ambos estaba prácticamente igualada.
Se dice que el Gran Magistrado de Kehjan ahora era un converso de la primera, mientras que el Señor General de la Guardia Kehjan se rumorea que es un miembro de este último.
El desorden dentro de los clanes de magos, que a menudo raya una guerra encubierta, hace que muchos acojan la comodidad de un mensaje u otro.

Pero antes de Serenthia pudiera salir, Cyrus la llamó. Ella se volvió hacia Uldyssian para disculparse.

“Espera aquí. No pasará mucho tiempo”.

"Voy a ir a buscar Thiel yo mismo", sugirió.

Serenthia mirando hacia los misioneros la hizo cambiar el gesto "Uldyssian, esta vez no."

"Serry"

"¡Uldyssian, estas personas son las mensajeras de órdenes sagradas! ¡Lo que significa que no van a hacerte ningún daño! Si pudieras abrirte un poco para escucharles, no te estoy diciendo que te unes a uno u otro, pero los mensajes de ambos son dignos de mención.”

"Ellos pueden decir todas las bellas palabras que quieran, Serry, pero todo lo que veo es compiten uno contra el otro, el número de idiotas que puedan marcar es como decidirán al ganador."

"¡Serenthia!" Llamó Cyrus otra vez. "¡Ven aquí, muchacha!"

"Padre me necesita", dijo con una mirada triste. "Ahora vuelvo. Por favor, Uldyssian, pórtate bien. "

El granjero salió afuera donde observaba algunos utensilios para la labranza. Entonces alguien pasó rápidamente pasó junto a él, esos cabellos dorados y una sonrisa en el rostro que el hijo de Diomedes podría haber jurado se dirigió hacia él.

Sin darse cuenta al principio, Uldyssian la siguió. La noble desapareció por la puerta trasera, como si la estación fuera su propia casa.

La siguió pero cuando dobló la esquina no vio signo de ella, lo que vio fue el carro de Thiel, que no estaba, supuso que estaría ayudando al alguien en sus labores.
Uldyssian se dirigió hacia el carro, sin embargo, al acercarse, vio de pronto un destello de color verde a la altura del caballo.

Era ella. La dama permanecía al lado del animal murmurando algo mientras le acariciaba el hocico con su fina mano. El caballo de Uldyssian parecía cautivado por ella, de pie inmóvil como una estatua. El viejo era una bestia intratable y sólo aquellos que lo conocían bien podían acercarse a él sin correr peligro de recibir un mordisco, lo que esta mujer era capaz de hacer le decía muchísimo al granjero.

Ella se dio cuenta de sus movimientos. Una sonrisa iluminó su rostro. Para Uldyssian, sus ojos parecían brillar.

"Perdóname... ¿es este tu caballo?"

"Así es, mi señora... y tienes suerte conservar las dos manos, a él le gusta morder. "

Ella acarició el hocico de nuevo. La bestia seguía inmóvil. "Oh, él no podría morderme". La mujer se inclinó la cabeza hacia la boca del animal "¿Lo harías?"

Uldyssian se dirigió hacia ella temeroso de que estuviera equivocada. Sin embargo, una vez más, no pasó nada.

"Una vez fui dueña de un caballo que se parecía mucho a él", continuó. "Le echo de menos." (1)

De pronto, recordando dónde estaban, Uldyssian dijo: "Señora, no debería estar aquí. Usted debe permanecer en la caravana." A menudo, los viajeros van con los mercaderes con el fin de estar protegidos por sus guardias. Uldyssian suponía que este era el caso, aunque hasta ahora parecía que ella estaba sin escolta. Incluso con la protección de la caravana, una joven que viaja sola corre mucho peligro. "No quieres quedarse atrás..."

"Pero yo no voy con la caravana", murmuró la dama. "No voy a ningún lado."

No podía creer que la había oído “¡Señora, usted debe estar bromeando! No hay nada para usted en un lugar como Seram... "

"No hay nada para mí en cualquier otro lugar... ¿por qué no Seram, entonces?" Su boca esbozó una leve sonrisa. "Y no es necesario que me sigas llamando de usted o refiriéndote a mí como señora. Puedes llamarme Lylia..."

Uldyssian abrió la boca para responder, pero al oír el sonido de la puerta tras él, Serenthia lo llamaba “¡Ahí estas! ¿Has encontrado a Thiel? "

Miró por encima de su hombro hacia ella. “No, pero todo está aquí, Serry. "

Su caballo de repente soltó un bufido como si estuviera asustado, agarrando las riendas intentó calmar al animal, Uldyssian hizo todo lo posible para calmar a la bestia. No tenía sentido de que se asustara de Serenthia, ya que a la criatura le gustaba más que su propio amo. En cuanto a la dama… no la veía por ninguna parte. Uldyssian se preguntaba cómo era posible desaparecer de esa manera sin percibir sus movimientos,

Serenthia se acercó a él, reflejando algo de curiosidad en su comportamiento. "¿Qué estás buscando? ¿Falta algo? "

Se recuperó lo suficiente como para responder, "no... como ya he dicho, todo está aquí."

Una figura familiar y no deseada salió por la puerta. El misionero miró a su alrededor como si buscara algo o alguien en particular.

"¿Sí, el hermano Atilus?", Preguntó Serenthia.

"Busco nuestro hermano Caligio. ¿No está aquí? "

"No, hermano, sólo estamos nosotros dos."

El hermano Atilus miró a Uldyssian sin el fervor religioso habitual en los de su clase. En cambio, el misionero lo miraba de una manera que parecía… ¿sospecha?

Inclinando la cabeza para Serenthia, Atilus se retiró, la hija de Cyrus desvió su atención de nuevo a Uldyssian. "¿Tienes que irte tan pronto? Sé que te sientes incómodo con Atilus y los otros, pero... ¿no te quedas conmigo un poco más? "

Por razones que no podía explicar, Uldyssian no estaba tranquilo. “No... no, tengo que volver. Hablando de buscar a alguien, ¿has visto Mendeln? Yo esperaba que estuviera aquí. "

"Oh, debería habértelo dicho, me encontré con Achilios y me dijo que quería mostrarle algo a Mendeln y los dos se dirigieron al bosque del oeste. "

Uldyssian gruñó. Mendeln había prometido que estaría listo para viajar a casa con él. En general, su hermano solía mantener su palabra, pero Achilios debe haber encontrado algo verdaderamente inusual. La mayor debilidad de Mendeln era su incesante curiosidad, algo que el cazador sabe para alentarlo. Una vez que inicia una de sus búsquedas, el hijo menor de Diomedes pierde toda noción del tiempo.

Pero a pesar de todo Uldyssian no quería estar cerca de los seguidores de la Trinidad. "No puedo quedarme. Voy a ir por el bosque y espero encontrarles. En caso de que Mendeln volviera aquí sin verle… "

"Le diré donde le esperas, sí." Serenthia no trató de ocultar su decepción.

El granjero le dio un breve y meramente amistoso abrazo, y subió a bordo. La hija de Cyrus dio un paso atrás para que el viejo caballo pudiera emprender la marcha.

Uldyssian volvió a mirar hacia atrás lo que hizo que el gesto de Serenthia se alegrara, pero no puso atención en su reacción, sus pensamientos no estaban con la hija del comerciante.

No, la cara que se había quedado grabada en su mente era la de esa mujer del cabello dorado. Una de aquellas cuya casta estaba muy por encima de un simple campesino.



(1) Se refiere a su hermano, Lucion.
Thiel es uno de los hermanos de Serenthia.
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Re: El comienzo de la triología. The Sin War, Birthright. Ca

Notapor Aavigor el 28 Nov 2010, 13:56

Interesante pero sabe a poco jejejeje,
un saludo y buen resumen tio
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