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Luna sangrienta - Parte V
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Luchar en una arena tiene algunas ventajas y muchos inconvenientes. Un luchador experto como Karl era conocedor de todos los beneficios, pero sobre todo era consciente del peor factor posible para él. La forma en cómo un caza demonios combate está íntimamente relacionada con su entorno, pues cuanto más irregular y más obstáculos posea mayor ventaja tendrá. Sin embargo, en una arena circular en la que no había protecciones, con el suelo de tierra y un centenar de puntos de luz provenientes de las antorchas, la estrategia habitual de Karl era poco menos que inútil. Debía tenerse en cuenta, también, que su oponente llevaba una armadura muy pesada y la cabeza cubierta con un casco con forma de cráneo de carnero, todo ello debería haber provocado una consecuencia lógica: Gouler debería ser más lento que Karl Schlieffer.

Nada más lejos de la realidad. Tras el primer ataque del demonio, había quedado demostrado que su velocidad no se veía en absoluto mermada por el peso del metal que le protegía el cuerpo. Gouler era, según pude descubrir en mis pesquisas posteriores, un demonio de casta inferior que entró en Santuario mediante los portales abiertos por Baal quince años atrás. Un superviviente de una invasión fallida que en tiempos de paz podía ser tan peligroso como el propio señor de la destrucción.

Gouler permanecía erguido, con las dos espadas alzadas y las piernas abiertas en una actitud soberbia. Karl, en cambio, esperaba con las piernas dobladas y la espalda encorvada como un felino al acecho. Se trataba de un enfrentamiento de estilos de combate totalmente distintos, fuerza bruta contra agilidad extrema.

El demonio tomó la iniciativa al correr hacia su oponente. Era tal el empuje que ejercían sus potentes piernas que arrancaba cascotes del suelo. Pude percibir entonces un detalle que hasta ese momento había pasado por alto. Gouler había ganado en tamaño. Si antes su estatura era considerable, ahora era fuera de lo normal. En la primera embestida comprobé que la cabeza de Karl apenas le llegaba al pecho y así se lo hice saber a mis compañeros.

- ¿Os habéis fijado en el tamaño? – Les dije en voz baja – Juraría que antes no era tan alto.

- No te equivocas – Contestó Yuan – Yo también me he dado cuenta. ¿Puedes aportar algo de luz, Jamboe?

- Es posible – Contestó el umbaru – Algunos demonios poseen el poder de cambiar de forma y eso incluye también el tamaño. Depende de la duración del enfrentamiento, podremos ver su verdadera forma o no.

- ¿Hay alguna manera de saber qué puede hacer? – Pregunté.

- Los demonios, al igual que los ángeles, son seres superiores y nacen con unas características que no compartimos los humanos – Añadió Yuan – Algunos incluso llegan a parar el tiempo por completo.

- Espero que no sea el caso – Nos interrumpió Heremod – No hay muerte más injusta que aquella a la que no puedes mirar a los ojos.

De repente, una de las espadas de Gouler estalló en llamas y surcó el aire en busca de la cabeza del cazador de demonios, quien se tiró al suelo en un acto desesperado por evitar la hoja abrasadora. El demonio dio un giro y soltó un tajo sobre el cuerpo tendido de Karl que a punto estuvo de partirle por la mitad. Sin embargo, pudo rehacerse con rapidez y lanzar una potente patada a su pierna de apoyo. Gouler ni se inmutó ante el golpe. La pierna de Karl parecía un esmirriado tronco chamuscado en comparación al férreo pilar en el que se había convertido la extremidad del demonio. Pero Karl era un gran guerrero y ya había sabido ver cuál sería su ventaja.

Debido al descomunal aumento de tamaño, las piezas de la armadura se habían ido separando gradualmente unas de otras hasta descubrir puntos por los que podrían penetrar sus mortíferas saetas. Desde el suelo, con un acrobático movimiento, el caza demonios se incorporó y le disparó en el costado perforando su carne. Gouler aulló de dolor, y le golpeó con el hombro en la cara en una reacción inesperada para Karl que cayó hacia atrás aturdido.

Tal vez fuera el dolor, o puede que el odio, Gouler adoptó su forma demoniaca definitivamente. Su cráneo chasqueó bajo el casco que empezó a separarse en secciones milimétricamente calculadas. De entre el metal surgieron unos cuernos negros y puntiagudos y sus ojos se convirtieron en dos luceros brillantes en las profundidades de las cuencas de su yelmo. Gouler clavó la espada llameante en el suelo y cogió por la pechera a Karl para atraerlo hacia su brutal rostro.

- Esta es tu recompensa, cazador.

Su voz procedía de un mundo de dolor, corrupción y maldad y era tan profunda y cavernosa que casi podía sentirse su vibración sobre la piel.

- Observa mi verdadero rostro antes de perecer.

Gouler sujetaba a Karl a más de un metro de altura sin apenas esfuerzo y éste no parecía resistirse. Una lengua carnosa y húmeda surgió del interior del casco seccionado y lamió la cara del cazador con deleite.

- Disfrutaré masticando tus huesos. Has pretendido humillarme delante de los míos y eso es lo que te mereces.

La hoja de la espada que todavía empuñaba el demonio atravesó el cuerpo de Karl y surgió por su espalda impregnada en sangre arrancándole un grito desgarrador. Con satisfacción por la victoria, el general de los Khazra lanzó el cuerpo malherido del cazador de demonios a sus pies y levantó los brazos para sentir la ovación de los suyos. La arena al completo estalló de júbilo al reconocer al claro vencedor del desigual combate. Mientras tanto, Karl se arrastraba dejando un rastro que era absorbido por la arena hasta adoptar un tono pardo oscuro. Yo sabía que no se había dado por vencido porque todavía sujetaba las pequeñas ballestas como si fueran su único medio de supervivencia, pero ignoraba qué podía hacer en su estado.

A pocos metros de él, Gouler recuperó su espada llameante para acabar de una vez por todas con su adversario. Con pasos lentos, se acercó hasta Karl y le señaló con la espada manchada con su sangre.

- Levántate – Le dijo lo suficientemente bajo como para que sólo nosotros le oyéramos – Ponte en píe y muere dignamente.

Nunca habría esperado un acto tan noble por parte de un demonio y por lo visto, mis compañeros tampoco. Karl se incorporó a duras penas con la herida abierta derramando sangre sobre el suelo.

- ¿Acero o fuego? – Preguntó Gouler.

Los ojos vaporosos de Karl se apagaron lentamente como una clara señal de rendición. De sus labios entre abiertos brotó el preciado líquido carmesí mientras contestaba a la pregunta de su ejecutor.

- Fuego, siempre fuego.

Miré a mis compañeros y les insté en silencio para que hicieran algo y evitar lo inevitable. Heremod movió la cabeza en un claro signo de negación. Gouler estaba demostrando respeto hacia el honor de Karl y eso se merecía tanto o más respeto por parte de mis compañeros. Sin embargo, yo no pensaba igual y quise ayudar a mi maestro, pero antes de que pudiera dar un sólo paso el bárbaro me agarró del brazo y me retuvo.

Gouler le acercó la flamígera espada al cuello. Las llamas danzaban cerca de su piel, acariciándola, saboreándola a la espera de poder catar su carne ante la impasibilidad de Karl. El demonio hizo retroceder el brazo para coger impulso. El clamor de voces Khazra perdió intensidad hasta convertirse en una pesada losa de almas expectantes. La espada dibujó una estela roja momentos antes de seccionar la cabeza del cazador de demonios.

Puede que Karl no fuera amable conmigo al principio, pero había demostrado con el curso de las semanas ser una persona comprometida y, a la larga, sin siquiera darme cuenta, le tomé aprecio. Aún hoy pienso que el que fue mi maestro no se merecía un final como aquel.

Tal vez por eso, porque él también lo sentía así, evitó con las últimas fuerzas que le quedaban que la espada le partiera en dos. Sus ojos relumbraron de nuevo, con más fuerza si cabe, y juntando su cuerpo con el de Gouler, clavó ambas ballestas en una de las juntas abiertas de la parte inferior del casco del demonio. El estallido de fuego fue tal, que perdí la visión durante unos segundos que se me antojaron eternos. La arena se llenó de bramidos y noté como mis compañeros formaban un círculo a mí alrededor. Poco a poco, mis ojos volvieron a ver con claridad. El cuerpo de Gouler estaba tirado en el suelo y no quedaba ni rastro de su cabeza, por lo que sus seguidores habían empuñado las armas.

- ¡Vamos, malditos bastardos! – Gritó Heremod – Bajad aquí y seguid la misma suerte que vuestro señor.

Ninguno pareció querer ser el primero y, si a alguno de ellos hubiera tenido valor suficiente para bajar a la arena, el resto le habría seguido, pero no fue así. Todos los Khazra, ya fueran chamanes o guerreros, levantaron las armas en señal de respeto y la puerta de la arena se abrió para dejarnos libres. Sin acabar de creernos que aquellos seres demoniacos fueran tan respetuosos con la sorprendente resolución del combate, nos encaminamos hacia la salida.

- Estoy seguro de que es una trampa – Dijo Kalil – Nos estarán esperando al otro lado.

- No lo creo – Contestó Heremod – Si nos hubieran querido muertos ya nos habrían matado mucho antes, estoy seguro.

- ¿Crees que lo han hecho por diversión? – Pregunté.

- Me parece que Gouler nos ha intentado usar para reforzar su autoridad sobre ellos, pero le ha salido mal.

En ese momento, caí en la cuenta de algo que se me había pasado por alto.

- ¿Dónde está Karl? – Quise saber.

- Está muerto – Aseguró Kalil – Ha usado todo su poder y ha sucumbido a la explosión.

Enmudecí con pesar, pero algo en mi interior me decía que no era cierto. Algo en mi alma tintineaba con fuerza, era como una cadena que casi podía ver salir de mi pecho. No, Karl Schlieffer no estaba muerto. Gracias al juramento que enlazaba nuestras vidas, podía saber que aun quedaba algo de vida en él y que se alejaba por los corredores de la fortaleza en busca de una última víctima. Yddrisil.

Fin


Por Joan Anfruns (http://janfruns.blogspot.com/)

Redactado por janfruns | 21/02/2012 9:41

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