-Así que… venimos un poco tarde. –Alyna dijo de forma seca y monótona.
El cadáver del viejo tenía un olor espantoso que recordaba a las alcantarillas cercanas al puerto. En otras palabras: cuando Fward y Arthur miraban el cadáver no podían evitar pensar en los diversos tipos de excrementos que uno se podía en los muelles. Imágenes muy agradables, sí.
-Creo que es un hecho que no vamos a poder sacarle nada a este hombre, Arthur. –Fward hablaba a través de su mano, con la cual se ocultaba la boca y la nariz para intentar disminuir el olor a descomposición.
-Es una lástima. Me preguntaba como un alquimista era capaz de conocer a una cazadora de demonios.
-En mis tiempos los héroes compraban miles de pociones para enfrentarse a las bestias que se encontraban en sus trayectos. No es tan raro que una cazadora conociera a un vendedor como este.
-¿En tus tiempos? ¿Cuántos años tienes, Alyna?
-Más de los que te crees.
-Joder, tienes que tener 50 para hablar así. Y no te veo cara de cincuenta.
-Yo tampoco.
-Pensad lo que queráis, pero deberíamos de pasar a algo más importante.
-¿El qué? Se ha muerto nuestra única pista.
-Ya veo que te olvides muy rápido de lo que soy.
En efecto, a Arthur se la había olvidado que estaba hablando con una Nigromante. ¿Y cuál es la especialidad de un Nigromante? Los muertos.
-Chicos, a partir de aquí me encargo yo. Vosotros registrar la casa mientras.
-¿Qué vas a hacer?- Preguntó Fward con curiosidad. Blackstorm sacó la espada del cadáver del hombre, lo colocó tumbado en el suelo boca arriba y empezó a dibujar símbolos y círculos extraños con una tiza blanca. Los símbolos se disponían dentro y fuera de los círculos, los cuales Blackstorm dibujaba con la cabeza o el pecho del cadáver como centro.
-Voy a reanimar a vuestro muerto.
-No sabía que era tan complicado resucitar a alguien para un nigromante.
-Y no lo es. Pero nosotros normalmente resucitamos a la gente para que luchen por nosotros y para que sirvan de carne de cañón, cosa que no necesitamos en esta situación. Si quiero que mantenga la cordura, la razón y los recuerdos dibujo círculos alrededor de la cabeza para atraer y atrapar las facultades de la mente perdidas por la cabeza. Los círculos del pecho son para que el cuerpo se recupere y parar la descomposición por un tiempo. Ahora venga, buscar cosas interesantes en la casa niños.
Arthur y Fward obedecieron. Fward y Lewis registraron la zona de la tienda, mientras que Arthur volvió a la planta de arriba. No solo porque quería ver mejor la tienda, si no porque también quería poner sus pensamientos en orden. La trampa del alquimista le hubiera vuelto loco de no ser por su extraño salvador. Le zumbaban los oídos después de la horrenda experiencia.
Mirakodus. Un nombre muy inusual, al menos para Arthur. ¿Por qué le había salvado? ¿Por qué se desveló de esa manera? ¿De qué le conocía? Las preguntabas de Arthur eran miles, y aún no tenía respuesta para ninguna de ellas. ¿Un amigo? Como podía llamar amigo a algo de lo que no tenía la más remota idea de lo que era. Se sentía agradecido por un lado, pero por otro estaba aterrado con ese algo que se escapa a su intelecto.
Arthur esbozó una sonrisa ante este pensamiento. Terror, miedo… en estos dos días había experimentado ese sentimiento más que ningún otro. Si seguía con esta aventura, tal vez le quedara todavía más miedo que experimentar, más horrores que descubrir. Tal vez puede que llegue un punto en que se familiarice con el miedo, puede que si siguiera con esto el miedo se convirtiese en parte de él. Que surgiera a través de su mente, que se irguiera como un monumento de cristal oscuro que absorbe todo sentimiento de esperanza y de coraje en su interior. Una piedra negra, donde no se refleja luz alguna, si no más oscuridad; a la que cuando miras para saber si hay fondo, te devuelve la mirada, observándote, alimentándose del miedo que sientes a su profundidad.
Tal vez… tal vez debería de aparcar estos sentimientos a un lado. Después de todo, ¿quién es él para sentir miedo en estos momentos? Esta investigando dos muertes muy importantes y tal ves desvele un misterio de un tamaño colosal. ¿Miedo? ¿Pavor? ¿Terror? No es el momento ahora, es momento de levantarse los pantalones y prepararse para lo peor, arrancarse una pierna con decisión y valor y tirarla al mundo mientras le gritas ‘FUCK THE WORLD!’.
-¡Ni idea de lo que significa pero significará algo! –Se dijo Arthur a sí mismo.
-¿Has dicho algo, Arthur? ¿Estas mirando la parte de arriba? –La voz de Fward salió de las escaleras.
-¡FUCK THE WORLD! –Gritó Arthur sin darse cuenta.
-…Vale, lo que tu digas Arthur.
Arthur entró finalmente a la biblioteca privada con paso más decidido, deseoso de desvelar las respuestas a sus preguntas. No sabía como lo había hecho, pero consiguió despejar su mente por el momento y tenía que aprovechar este momento de optimismo mientras durara. Pero a primera vista no había nada fuera de lo común: ‘Las Aventuras de Liflin’, ‘Tres piernas para el demonio’, ‘Los Tropers: ¿culto o tribu?’… La mayoría de estos libros ya los había leído Arthur. Arthur decidió cogerlos en puñado y abrirlos en busca de algo de interés. Los libros de alquimia solo tenían fórmulas aburridas y muy complejas, con decenas de elementos con una función en cada receta. Los libros de aventura eran normales: ningún mensaje secreto ni ninguna carta o cualquier cosa en su interior: no había nada de interés. Arthur esperaba que el ritual de Blackstorm funcionara o que Fward encontrase algo, porque si no, no tendrían nada.
No podía permitirse que su optimismo decayese, así que continuó inspeccionando libros.
-Nada… nada…. nada… bazofia… aburrido…aburrido…nad- Arthur paró su queja al encontrarse un libro distinto a los otros. Era mucho más grande que los demás, con una tapa decorada ricamente pero sin título en el costado. Arthur lo cogió y examinó la portada del libro, decorada con motivos geométricos, con el círculo como estrella principal. La portada si tenía un título, sencillo pero cautivador, que impacto a Arthur aunque no podía decir la razón:
-Los Santos Valerosos…
-¡Arthur, Fward y Lewis! ¡Ya he terminado! –Era inconfundiblemente la voz de Blackstorm. Arthur tendría que dejar la lectura del libro para otro momento, así que se lo llevó con él. Bajo rápidamente las escaleras para ver una escena que no se le borraría nuca de la mente. El cadáver del alquimista se había erguido totalmente, con el agujero que realizó la espada al entrar en su carne todavía intacto. Los ojos del cuerpo eran blancos con tono de gris, sin vida que reflejar. Para Arthur, el alquimista resucitado era más una macabra imagen de un hombre, una marioneta demacrada sin voluntad ni razón de existir.
Arthur notó a Fward y Lewis dándole la espalda a la escena, el primero vomitando seguramente tras ver el cadáver andante. Arthur se sorprendió de la resistencia de estómago que aparentemente tenía, pues no sintió nauseas ni mal estar incluso cuando el olor a putrefacción llegó a su nariz.
-Hey, alquimista. –Blackstorm empezó el interrogatorio cuando Arthur estaba a suficiente distancia. –Tenemos algunas preguntas para ti.
-…Res…ponderé. –El muerto respiraba con dificultad y parecía costarle pronunciar. Arthur teorizó que era el rigor mortis que el ritual no había anulado completamente.
-¿Conoces a una cazadora de demonios? Tenía una cita contigo.
-…Sí…la conozco. –Respondió con una voz grave y ronca.
-¿Sabes que buscaba?
-…Información. –El muerto se tambaleó, de hecho casi se caía al suelo. Arthur preguntó inmediatamente.
-El hechizo se debilita…Escucha, dinos todo lo que sepas que pudo ser relevante para la cazadora. Cualquier cosa por la quisiera hablar contigo.
-…Ella quería saber… acerca de los rumores… de unos experimentos en la ciudad. Un culto que apareció hace poco… en la ciudad. Cogían a hombres y mujeres jóvenes… incluso recién nacidos. Buscaban a alguien… algo en la gente… no sabíamos el qué. Pero todos volvían con algo incrustado en sus cuerpos… una especie de fragmento… de una piedra… que… los cambiaba. Muchos muertos y muchos más en el manicomio o en la cárcel, la mayoría esperando a su ejecución. La cazadora quería saber donde estaban… donde realizaban los experimentos… las alcantarillas…las…-Los brazos del cadáver empezaron a zarandearse de una forma violenta. El alquimista empezó a convulsionarse. -…ellos deben saber donde están los asesinos.
Arthur se sorprendió ante este comentario. Ya había dado por hecho que este supuesto culto había sido el responsable.
-Alyna.
-Lo sé, ¿sabe quién la mató?
El hechizo no aguantaba más, pero el alquimista pronunció una última advertencia con las últimas fuerzas que le quedaba.
-La era de los mortales termina… pero la profecía del Fin de los Tiempos no se cumplirá. La Luz incendiará todo Santuario con sus llamas imperecederas… para que así el Señor del Terror no vuelva jamás…El…Valor…
El cadáver cayó fulminado finalmente, el cuerpo destrozado por el poder del hechizo de la Nigromante.
-…Ok, después de la amenaza típica de usurero que te pone los pelos de punta… ¿Ahora qué jefe?
Arthur, decidido, se dirigió a la puerta de la casa, con unas simples órdenes.
-Coges todo lo que necesitas para tu poción, descansamos y nos vamos a las alcantarillas.
Y un solo pensamiento en la mente: ‘Para que el Señor del Terror no vuelva jamás… ¿Será posible que las historias que me contaban de pequeño sean al final ciertas?
¿Realmente existen los ángeles y demonios? De ser así, esta búsqueda de la verdad no acaba más de comenzar.’
-Cierto, amigo mío, no acaba más que comenzar. –La voz de Mirakodus resonó de nuevo en la cabeza de Arthur. –Pero no te confíes. Tú y tu pequeña alianza en pos del amor y la justicia estáis a punto de adentraros en las profundidades de una ciudad corrupta en un mundo que está llegando a su final. Pronto descubrirás horrores y temores mayores de los que tu pequeña cabecita pueda imaginarse. Vislumbrarás la auténtica naturaleza de los tan valorados y venerados ‘valores’ de tu sociedad asquerosa dominada por déspotas e inútiles. –Parecía como si la voz se alzará y cobrará fuerza con sus propios comentarios. –Y yo estaré cuando la desesperación te devore y tu coraje escape por ese pico de oro tuyo… pero hasta entonces, como te dije, te mantendré vivo. Tengo planes para ti, grandes planes, y estaré encantado de responder todas las preguntas que tienes… Cuando el miedo se apodere de tu mente.
Algo parecido a una risa llenó los pensamientos de Arthur. Definitivamente, Mirakodus no era ningún amigo, o al menos no uno que las personas normales quisieran. Pero si lo iba a mantener con vida, incluso con el oscuro propósito que seguramente tuviera para hacerlo, Arthur lo mantendría a su lado. Ahora mismo, había demasiada cosas en su mente como para centrarse en las voces de su cabeza. Como el hecho de que al parecer había una Profecía del Fin de los Tiempos y alguien estaba intentando evitarla… destruyendo el mundo de los mortales.