Usuario: Contraseña: Recordar
 
 
Fanfics
Canción de Valor - Parte III
No conseguimos sacar mucho más del dueño. La cazadora había llegado hace tres días a la ciudad. El mismo día que llegó se pasó por la posada, seguramente porque llegaría en barco hasta aquí. Preguntaba continuamente acerca de la historia de la ciudad, sus habitantes y la validez de algunos rumores sobre la ciudad que habían llegado a tierras extranjeras y pueblos de la zona. Al parecer, la cazadora estaba interesada sobretodo en los rumores acerca de desapariciones en las zonas pobres y los alrededores de la ciudad y de cambios de comportamiento en algunas personas que habían acontecido de la noche a la mañana. La información era poca, pero le servía a Arthur y Fward por el momento. El dueño escuchó hablar a la cazadora acerca de visitar a un contacto que tenía en un tienda de alquimia de la ciudad la noche del asesinato, por lo que Arthur pensó que el siguiente paso lógico era hacerle una visita a este contacto. Pero antes, tenían que asegurarse algún ‘medio de defensa’ contra cualquier cosa que pudiera pasar.

-¿Cuánto crees que costará un mercenario, Fward?

-Todo nuestro dinero, Y sería de los cutres. Mejor comprarnos un perro guardián. –Incluso si dijera que es la propia Muerte que ha venido a cobrarse tu alma, no se puede tomar enserio esa voz. Es demasiado, que palabra sería… ¿mona?

-Un perro guardián no nos vale de nada en este trabajo.

-¿Trabajo? No recuerdo que estemos cobrando por esto.

-Y yo no recuerdo la última vez que me pagaron por trabajar.

Fward no podía quitarle la razón en eso. La mayor parte del año el único dinero que llegaba era el sueldo de Fward, y con eso debían de apañarse.

-Vamos, admite que estamos haciendo esto porque te da la gana, porque tienes una especie de…de… enferma curiosidad por los asuntos que no te incumben.

-Lo admito, todo esto y lo que vaya a pasar es y será por mi culpa… pero aun así vamos a continuar.

-Han matado a una cazadora de demonios- Dijo Fward susurrando, con un tono que le recordó a Arthur la terrorífica situación en la que se habían metido. Y aún así quería seguir. No, no era un deseo, No quería, pero algo en su interior le instaba a seguir, algo muy seductor, algo que… no sabía como describirlo.

-Ella tenía notoriedad.

-¿Qué?

-Era una cazadora de demonios. Ese tipo de personas se notan en aquellos que intentan huir de estas o, como es este caso. Asesinarlas. Sea quien sea es capaz de saber quién es un cazador de demonios…

-Por eso debemos abandonar-

-Pero eso también significa que solo se fija en las grandes amenazas. Piénsalo, en todas las historias los villanos subestiman a sus enemigos porque ellos son ‘súper poderosos y con mentes maravillosas’. Ellos nunca se fijarían en…

-Dos pringados sin otra cosa mejor que hacer.- Fward sabía perfectamente adonde quería llevarle con esta conversación.

-¡Exacto, amigo mío! No somos una amenaza para nadie. Podemos investigar sin preocupaciones de que nos intenten matar.

-Entiendo. Pero, si estás tan seguro de eso, ¿por qué estamos buscando a un guardaespaldas?

Pero Fward sabía exactamente como tornar sus argumentos en su contra. Buscar a un guardaespaldas era signo de que Arthur no tenía muy claro que estuvieran seguros. Si seguían con la conversación, lo más es que Fward consiguiera convencer a Arthur de abandonar la empresa en la que se habían metido.
Arthur necesitaba distraerlo de alguna forma, hacer algo para que Fward dejara la conversación. Algo con lo que llevarle a su terreno

‘¿Con qué podría yo...? Jejeje’

Distracción encontrada.

-Fward.

-Sí, Arthur. –Fward todavía esperaba su respuesta.

-En lugar de pensar en cosas como esas, deberías pensar en algo más capacitado para tu mente. –Fward frunció el ceño ante este comentario, mientras que en la cara de Arthur se dibujaba una leve sonrisa. –Como ese conejo que está pasando por esa calle.

-¡No es cierto! No hay ningún conejo AWWWWWWW.

‘Al final ha pasado, Fward se ha transformado en una chica’

-¡Mira eso Arthur! –La voz de Fward se convirtió en una especia de voz ‘monosa’ que mandaba escalofríos a Arthur.

-¡Es un conejo! –Fward empezó a saltar (o a brincar, Arthur no estaba muy seguro) hacia el pequeño y blanco conejo. -¡Un precioso conejo! ¡AWWWWW! Ven aquí, cosa linda.

‘Un hombre adulto persiguiendo a un conejo por la calle. Saltando (o brincando)’

Arthur se recostó sobre la pared de una tienda desde la que podía observar la escena. Suponía que los de la tienda podían verlo también, puesto que la tienda tenía un gran escaparate de cristal. Con esto, Arthur estaba seguro de que Fward se olvidaría totalmente de cualquier problema con su plan.

-¡Arthur, el conejo se ha subido a mi cabeza! –En efecto, el conejo se había posado en medio de los cuernos del casco de Fward. Él seguía saltando.

-Sí, sí, ya lo veo.

-¡Se ha acomodado entre mis cuernos! ¡Es tan mono!

-Si sigues saltando lo vas a mareas.

-¿Nos lo podemos quedar? Un ser tan valiente y noble seguro que nos da un montón de suerte.

-Sí, claro –Arthur se puso delante del escaparate, de espaldas a la escena. El plan no le había salido del todo bien. No le gustaban los conejos, demasiado suaves. Parecían bolas de pelo con patas. La idea de tener uno le revolvía el estómago, pero tenía que mantener a Fward conteno.

-¡Voy a llamarlo… Lewis! –Lewis el Conejo, era blanco como la nieve del norte de Santuario. A Fward le gustaban los conejos, pero sobretodo los blancos. Arthur pensaba que la razón de esto era porque el blanco le recordaba a los pocos recuerdos que tenía de su hogar, en las tierras de los bárbaros.

-¡Se está comiendo los restos de comida del casco! ¡Es tan mono! ¡Mira como mueve los morritos!

-Arthur miró al cielo, dirigiéndole unas palabras a lo que fuera que hubiera hay arriba para salvarle del destino que le había buscado.

-Dios mi…-‘CRASH’ En un milisegundo, el sonido de algo romperse le llegó al oído de Arthur. Miró al frente, solo para descubrir el escaparate roto y un puño justo enfrente suya. -¡OOOOOOO!

Arthur se llevó un puñetazo en toda la cara cuando Superman intentó pasar a través de él como había hecho con el escaparate. Ambos cayeron al suelo, pero Arthur se llevó la peor parte por razones obvias.

-¡Arthur, Arthur! ¡Lewis está saltando sobre mi cabeza! –Fward ni se enteró de lo que había pasado.

Mientras, Arthur no sentía la cara del golpe, y la espalda le dolía del impacto. Nunca había pasado que una cosa así le pudiera pasar a él.

-¿¡Quién cojones!?

Podía notar los resto del cristal del escaparate incrustarse en su piel mientras intentaba incorporarse. Pero había un peso extra que le dificultaba mover el tronco. ‘Superman’ levantó el tronco lentamente. Arthur miró al hombre que lo había dejado en el suelo intentando encontrar la cara y quedarse bien con ella, así cuando llamara a Fward para que le diera una buena hostia en la cara, sabría exactamente donde había caído el golpe. Los ojos de Arthur se encendían de rabia por la humillación. ‘Superman’ devolvió finalmente la mirada, levantando la cabeza lentamente. Cuando Arthur observó la cara, se dio cuenta de su error. El tipo no era un hombre, sino una chica joven. Su pelo era largo y blanco, probablemente le llegara hasta la cintura, muy liso. Tenía el flequillo de lado a lado, dejando la frente la descubierta como si fuera una cortina. La cara era de rasgos finos, con unos pequeños ojos verdes que parecían resplandecer con luz propia, como si fueran esmeraldas. Labios carnosos, nariz angulada… Arthur apartó la mirada al no poder soportar semejante belleza, solo para encontrase en el camino el canalillo formado por los pequeños pechos de la mujer posados en su abdomen y el escote formado por la tela negra del vestido que la cubría. Un brazo delgado, con el mismo color mármol de su cara, se apoyó sobre Arthur para ayudarla a levantarse. Arthur notó que las mangas le cubrían todo el brazo, y según se iba levantando observó la sencillez del vestido.

-Perdona.-La mujer habló, con una voz dulce, suave como la forma de sus caderas.

-No, no, perdona…

-¿Sueles poner tu cara en medio del camino de una chica? Porque si es así no serás muy popular, ya sabes, por ser horrible a la vista.

‘…hija de puta.’

-¡Yo me cago en tu puta madre! –La rabia y el odio de Arthur volvió a apoderarse de él.

-Ya empezamos…-La chica se levantó con estas palabras, acabando en un suspiro, como si esta situación le fuera normal.

-¿¡Qué quieres decir con poner mi cara en medio, eh!? ¿¡Qué debería de estar atento por si una demente decide atravesar un cristal y darme una hostia!? –Arthur siguió ejemplo y se levantó.

-Pues claro, es lo mínimo que puedes hacer cuando estás delante de un escaparate.

-¡Pero será posible!

La puerta de la tienda se abrió, dejando a dos hombres con pinta de estar bastante cabreados salir. Arthur no tenía mucho que hacer contra esos armarios empotrados, pero no le importo demasiado ya que se imaginaba que estaban enfadados con la chica. Esta deducción se fortaleció al ver a los dos hombres dirigirse con paso ligero hacia la chica.
Uno de ellos empezó a hablar con un tono amenazante.

-Vas a pagar por eso, y por los artículos que has intentado robar.

-Perdona, aquí tienes el pago.-Contestó la mujer del vestido negro, antes de sacar del mango del vestido… eh…esto…

‘…¿Qué cojones?¿Eso es un…?’

Un martillo gigantesco. Un martillo gigantesco, con una cabeza cuadrada de acero de un tamaño de dos cabezas y un palo que debía de ser casi tan largo como ella y tan grueso como un tronco. El arma era sencilla, pero se podía ver a simple vista que dolía. La mano de la chica resplandecía de un color brillante. Este hecho, más que el gigantesco martillo había aparecido literalmente de la nada, sirvieron a Arthur para decretar que la chica como mínimo tenía talento y conocimientos mágicos. Pero lo que no se podía explicar es que como podía usarlo con tanta habilidad y rapidez con una sola mano, usándolo para golpear en un instante y con una terrible fuerza a la cabeza de uno de los hombres, el más cercano a ella. Arthur pudo escuchar perfectamente el sonido del martillo al chocar con la cabeza, quebrando el cráneo. Por suerte para el hombre parecía que el cuello aguantaba, por lo que la cabeza no se le separo del cuerpo por el espectacular golpe, pero por la forma en que se dobló Arthur creía que las vértebras se habían soltado y que cuando el hombre se recuperase lo peor que le podía pasar era quedarse paralítico. El cuerpo cayó al suelo, y Arthur notó sangre saliendo de los oídos. Con esa hemorragia, Arthur tenía bien claro que el hombre estaba listo para encontrarse con su deidad.
El otro hombre tuvo la suficiente rapidez para abalanzarse sobre ella, cogiendo el martillo con ambas manos. Ambos forcejeaban por la posesión del arma.

-Amm… ¡Fward, Fward! –Arthur llamó a su compañero. No tenía ni idea de que hacer. Se giró, solo para ver a Fward saltando con Lewis todavía encima de su cabeza. Se giró otra vez a tiempo para ver que un tercer hombre salía rápidamente de la tienda y se dirigía a la muchacha con un cuchillo en la mano.

-¡Fward, joder, quieres dejar el conejo y ayudarme!

-¡Leeroy Jenkins!

Fward apareció de repente en la línea de visión de Arthur, propinando un puñetazo en la cara al tercer hombre que lo empujo al muro de la tienda. Conejo en casco, terminó la faena con un rodillazo en la boca del estómago y ptrp puñetazo al mentón.

-¡Está KO, Arthur!

Pero Arthur estaba ocupado. El grito de batalla de Fward le había provocado un horrible e inoportuno ataque de risa. El último hombre en pie miró a la escena confundido, lo que provoca que la chica ganara la refriega por el martillo y arremetiera con este al hombre mientras estaba distraído. Con un par de golpes demoledores, cayó al suelo.
Los tres (y Lewis) se miraron entre ellos, con Arthur intentando recobrar el aire.

-Wow, Arthur, eso fue intenso. –Fward y Lewis parecían la mar de felices por el encuentro.

-¿Te llamas Arthur?

-Si, ¿acaso te sorprende?

-Un poco.

-Arthur, creo que esta chica es lo que necesitamos.

-¿Lo que necesitáis para qué?

-¡Fward!

-Estamos buscando a una mercenaria o a alguien que pudiera servirnos de guardaespaldas.

-¡No vamos a contratarla!

El sonido de armaduras pesadas llegó a los oídos de Arthur y a los de la chica.

-Vamos, debemos de movernos. –Dijo la chica. –Ya discutiremos vuestra oferta en otro momento. –La mujer se dirigió rápidamente al lado opuesto de donde provenía el sonido.

-¡Espera! –Arthur soltó a modo de protesta, corriendo detrás de ella con Fward al lado. –Que Fward te quiera contratar no significa que yo también quiera.

-Querrás, porque soy la única que puede ayudaros con lo de la cazadora.

‘Espera, ¿Cómo sabe eso?’

-¿Quién demonios eres tú?

-Mi nombre es Alyna. –La chica giró la cabeza para ver mejor a Arthur, que había conseguido colocarse al lado de ella.

-Alyna Blackstorm. Y mi profesión no es ni mercenaria ni guardaespaldas para tu información. Yo… soy una Nigromante.

Redactado por Regnier_LoT | 25/12/2011 4:11

Puedes colaborar con Diablo 3 ESP añadiendo o modificando el contenido de la página que estás visitando.
Para colaborar debes estar registrado
Atención: Spoilers

Se considarará spoiler hablar de estos actos:

Más información

El sitio
Índice
Foro
Wiki
Comunidad
Multimedia
Artículos
Entrevistas
Características
Contacto
 
Las clases
Bárbaro
Médico brujo
Mago
Monje
Cazador de demonios
 
El mundo
Localizaciones
Objetos
Historia
Misiones
Casa de subastas
 
Los personajes
Bestiario
Artesanos
Seguidores
Aliados
 
Destacamos

Publicidad