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Canción de Valor - Parte II
-Y bien, ¿por qué la seguiste?

El soldado le había preguntado esto ya unas cinco veces. Y siempre tenía la misma respuesta.

-No lo sé, estaba en la posada Espina del Ángel cuando la vi. Se marchó y tuve el impulso de seguirla.

Se lo hubiera gritado a pleno pulmón esta explicación, pero tenía pavor de que el soldado respondiera sacando el mandoble. Arthur no tenía ganas de comprobar si podría esquivar la inmensa espada. Aunque sentía una gran curiosidad por saber como podía llevar eso junto con la armadura pesada que portaba. ¿No se asfixia con ese casco?

-Siempre se tiene un motivo para seguir a alguien por la noche.-El soldado parecía también bastante cansado con la charla. Seguramente para él esto no era más que rutina.

-Bueno, pues no sé, supongo que quería fornicar esta noche y me encontré a la dama. Cuando no me hizo caso la seguí.

‘En verdad esta razón tiene mucho sentido, pero sigo pensando que tiene que haber algo más detrás de todo esto y sobretodo de esta curiosidad sobrenatural.’

-Bien, eso ya es algo. ¿Y dice que no oyó nada?

-No, cuando quise darme cuenta la sangre ya llegaba a mi nariz.

-Gracias por su colaboración, señor.

-Espera, ¿ya está? –Arthur estaba incrédulo. Ya se pensaba que le llevarían a la prisión o al puesto de los guardas de la ciudad para el interrogatorio.

-Mire…-El guarda tenía tono de querer irse a su casa. Arthur no se lo reprochaba.- con su testimonio no puedo hacer muchas más preguntas, y mi compañero no encontró más testigos. Lo más seguro es que algún matón, probablemente uno con capacidades mágicas, matara a la chica. Este barrio es muy peligroso para las mujeres. En todo caso, no se preocupe, mañana haremos una redada en la posada. Gracias de nuevo y buenas noches.

-Buenas noches.-El guarda se marchó sin más, dejando a Arthur en medio de la calle. En un callejón totalmente oscuro.

‘Tengo dos posibilidades: una, irme de aquí ahora mismo antes de que alguien me maté, o dos, salir corriendo. Ummm… Ambas me valen.’

Se marchó inmediatamente, con la mente todavía dándole vueltas al asunto. No había sido un asesinato normal: la muerte había sido demasiado brutal para que nadie lo hubiera escuchado, después de todo, los huesos tienden a crujir y partirse de forma muy ruidosa. Tal vez se deba a que notamos este sonido de forma especial por ser de un congénere humano. Además tenía pinta de luchadora o guerrera, por lo que seguramente se defendiera de lo que fuera que la atacó.
Pero no hubo ningún ruido. Es como si simplemente hubiera aparecido así, en un instante, en medio de la calle. Luego, estaba lo de que no llevaba ningún objeto de valor encima. Con una armadura así, debía de llevar monedas o algo por huevos. Pero no era así.

Miró a la luna en los cielos, tan tranquila, sin preocuparse del mundo de los hombres.

‘Si quiero averiguar que ha ocurrido con ella, tengo que empezar con lo que sé seguro, y es que estuvo en la posada Espina del Ángel. Tendré que empezar por ahí.’

Llegó a su casa sin darse cuenta. Se percató de la puerta medio podrida, y también de algo que se estaba escuchando detrás de la puerta.

-Oh… no.-Una cara de resignación se dibujó en su cara. Abrió la cerradura con la llave y empujó lentamente la puerta

La escena era cuanto menos asombrosa.

-¡…asiente al ave y las PERSONA MUEREN! ¡Por todas partes MUERE GENTE! – Un hombre corpulento, grande, con una frondosa barba pelirroja y un casco con cuernos en la cabeza, saltaba por la choza al ritmo de la ‘canción’. El sitio era aparentemente pequeño para él, por lo que se metía de hostias con todo.

-¡Fward, estoy en casa! -Arthur gritó todo lo que pudo para que se asustara, y lo consiguió pues se estampo contra el suelo casi al instante.

-¡Buenas, Arthur!

‘Por la Luz, ¿Cómo un hombre puede tener de ese aspecto de bárbaro del norte puede tener la voz de un niño?’

-¿Cómo es que todavía no estás en la cama, Fward?

-Me he ido de copas, y llegado hace un momento. Somos compañeros de choza, no se por qué te sorprende que este por aquí. –Se levantó como puedo del suelo, con la cara completamente roja pero el casco en su sitio.

-No importa, mañana te necesito levantado cuando suenen los gallos.- Se dirigió a su cuarto a prepararse para dormir.

-¿Por qué, Arthur?

-¿Te acuerdas cuando hacíamos el truco de que tú eras mi guardaespaldas para evitar a los matones de los bares?

-No me gustan lo que estás sugiriendo.

-Vamos a ir de investigadores, amigo mío. Descansa para mañana. -Arthur cerró la puerta de su cuarto después de estas palabras.

-No me va a gustar nada esto.- Fue lo único que dijo Fward. Tenía la certeza de que se iban a meter donde no les llamaban.

A la mañana siguiente, Arthur lo levantó como un clavo con el primer gallo. Nada más pisaron la calle, los dos tenían seguro que el día iba a ser muy largo. Fward andaba perezosamente con la armadura de bárbaro que había traído consigo de su tierra natal, las ahora conocidas como Tierras del Terror. Le habían traído de pequeño a Puerto Real, y lo abandonaron al poco sus padres cuando acudieron a la crisis que ocurrió en las tierras barbáricas. Supuestamente murieron a manos del enemigo, que unos pocos afirman que eran demonios que servían al Señor de la Destrucción, Baal. Ni Fward ni Arthur se creían esas historias, pero no podían negar el hecho de que algo realmente terrible pasó allí.

-¿Por qué estás tan interesado en saber que le pasó a esa chica, Arthur? Sabes que tienes cosas más importantes que hacer y yo tengo que ir a trabajar al puerto.

-No lo sé.

-¿Cómo que no lo sabes? En plan, ¿no lo sabes como no sabes lo que has hecho tras una borrachera?

-En plan sobrenatural. Como las historias de caballeros que escribo. –Un tono orgulloso salió de forma disimulada de la boca de Arthur, pero Fward lo conocía bastante bien como para notarlo.

-Esto no es como tus historias de caballeros matando bestias asesinas con palos…

-No volveré a repetírtelo, se llaman lanzas. –Le cortó automáticamente.

-Son palos y lo sabes, las armas que describes en tus relatos son tan pésimas que la última que te pusiste a narrar, un niño te tiró un palo a la cara para ver si explotabas en colores.

-¿Te refieres al niño que creía que era un unicornio porque tenía un grano gigantesco en la frente?

-¡No empieces a insultar a los niños, Arthur! –Arthur soltó una carcajada. Cuanto más serio Fward intentaba ponerse, la voz le salía más aguda.

-Ya estamos en tu posada. –Dijo Fward en medio de la risa de Arthur.

-Vale, jaja… Recuerda el sistema. Mira para todos lados, ponte totalmente recto y no hables.

‘Es hora de que tengamos una aventura como las de los grandes mercenarios.’

Abrieron la puerta de la posada. Y Arthur se dio cuenta de que realmente no necesitaba para esto a Fward. La posada estaba muy poco ambientada, ya que los lugares como estos suelen ser para gente más bien nocturna. Solo había unos cuantos pescadores, unos descansando y otros preparándose para dirigirse a la mar. Sentía que había metido a Fward en un problema que solo le concernía a él de una manera muy estúpida. Pero también sabía que no podía decirle que se fuera ahora, no tras haber entrado. Así que siguió con el plan, y fue a la barra para hablar con el dueño.

-Disculpe, señor.

-¿Desea una cerveza?

-Sí, una jarra. También quiero algo de información.

-La información no se bebe.

-Pero igualmente se paga por ella.

-¿Tan desesperado estás por saber quién es la chica?

Fward y Arthur miraron al dueño confundidos. No se esperaban esa respuesta del dueño.

-Llevo muchos años en esta posada y se cuando un hombre se siente atraído una mujer que ha encontrado en un tugurio de mala muerte.

-Buena forma de describir tu establecimiento.

-No seas sarcástico. –Soltó una voz muy aguda.

-¡No hables! –El dueño pareció no enterarse de lo que había pasado, así que Arthur siguió con el papel.

-¿Y…uhm…sabe algo de ella?

-Sí, pero no creo que le guste.

‘Obviamente no sabe qua ha muerto.’

-He escuchado infinidad de historias, no creo que me vaya a sorprender lo que me diga.

-Es una cazadora.

-Muy bien, ¿cuál gremio?

-Cazadora de demonios.

‘Eso sí que no lo había escuchado.’

Arthur y Fward se quedaron un minuto atónitos. A Arthur no le cabía la menor duda de que lo que fuera que hubiera pasado anoche les superaba a ambos. Lo que buscaban era algo capaz de matar u a una cazadora de demonios, por lo que definitivamente no podían superar este reto. La investigación debía terminar aquí. Había sido bonito el instante en que duró, pero era el momento de volver a la realidad.

‘No… Esto no ha acabado. Aún no’

Arthur se sorprendió de sus propios pensamientos, pero la llamada de lo desconocido se estaba haciendo más fuerte.

-¿Sabes cuál era la misión que la había traído hasta aquí? –Titubeo, pero al final hizo la pregunta.

La pregunta que lo cambiaría todo, y de la que no había vuelta atrás.

Redactado por Regnier_LoT | 18/12/2011 18:18

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